Claves pedagógicas

La educación de la dimensión espiritual en la clase de Religión. Claves pedagógicas.

 A continuación sintetizamos algunas características de la dimensión espiritual que nos ayudarán a diseñar las claves pedagógicas que, a nuestro juicio, deberían estar en la base de toda programación didáctica encaminada al cultivo de esta inteligencia espiritual como vía de acceso a lo religioso.

Lo espiritual ocupa un lugar nuclear

Lo espiritual ocupa, dentro de la unidad del ser humano, un lugar nuclear y fundamental. Esta dimensión espiritual es quien le da al todo el carácter de la personalidad y de la auténtica individualidad, que hace que todos los estratos estén penetrados por ese carácter. Por ello, lo espiritual no debería plantearse tanto como una novena competencia “añadida”, al mismo nivel que las otras ocho, que recoge nuestro sistema educativo. La experiencia espiritual, la experiencia creyente, no es una experiencia más, sino la experiencia que vertebra y fundamenta a las demás.

Más bien proponemos que se estructure como un conjunto de procesos y acciones educativas orientadas a dinamizar a la persona, para que le mueva a buscar la plenitud y el perfecto desarrollo de todo su ser. Este dinamismo se  expresa en una profunda aspiración a una visión global de la vida y de la realidad. Esta visión es la que integra todos los saberes, los trasciende y da sentido a la existencia. Más adelante propondremos algunas acciones y procesos al respecto.

La educación de lo espiritual no es comparable con la transmisión de un saber.

La educación de lo espiritual no debe compararse con la transmisión de un saber, de una técnica o de una lengua, sino que debe concebirse como un conjunto de actividades que susciten y despierten el sentir espiritual.[1] Aprender implica un deseo, un proyecto, una perspectiva que pone en marcha la apetencia de saber. Habría que diseñar estrategias pedagógicas para despertar ese deseo y educar la actitud de búsqueda en nuestros alumnos. Para ello deberíamos integrar cuatro elementos básicos: la pedagogía del silencio, la sencillez de recursos, la repetición de ciertos procesos y la virtud del esfuerzo.

El profesor cuenta con varios medios: el discurso simbólico, la contemplación de la naturaleza, la experiencia del silencio, la audición de música, la experiencia de fragilidad humana, la contemplación estética, etc. Una imagen, un texto, una situación de conflicto en clase, son elementos que podemos utilizar para activar esta búsqueda. No necesitamos grandes tácticas, es cuestión de actitud y de saber hacerlo adecuadamente. Pero no todos los profesores sabemos manejar bien los recursos, no se trata sólo de mostrar una imagen, sino de enseñar a contemplarla, lo mismo ocurre con otras vivencias, como por ejemplo la experiencia silente. El profesor tiene que aprender y experimentar personalmente primero, para luego enseñarlo.

Lo espiritual como área de la experiencia

Definiríamos lo espiritual como un área de la experiencia y no como algo relacionado con el mundo de las creencias. Aquí se encuentra una de las claves de nuestro trabajo: el hombre es un buscador de experiencias, por ello, en nuestras clases debemos crear situaciones de aprendizaje que contribuyan a esa búsqueda, concretamente a la búsqueda espiritual.

La psicología nos habla de dos tipos de experiencias, las cristalizantes y las paralizantes. Las primeras, son hitos en la historia personal que encienden la chispa de una inteligencia e inician su desarrollo hacia la madurez. Son como gatillos neurales. Encontramos ejemplos de este tipo en personajes famosos por sus talentos. Albert Einstein explicó como el hecho de ver una brújula magnética cuando tenía cuatro años le motivó para desear averiguar los misterios que le rodeaban activando su genialidad. Por otro lado, las experiencias paralizantes se refieren a aquellas vivencias que bloquean el desarrollo de una inteligencia, están llenas de emociones negativas, capaces de frenar el normal desarrollo de las inteligencias. Sensaciones de miedo, vergüenza, culpa, odio, impiden crecer intelectualmente. De lo que se trata es de activar ese interruptor que enciende la chispa de la inteligencia espiritual; y, sobre todo que nosotros no seamos un obstáculo en el camino de cada alumno.

En esta línea, proponemos Hacer de la clase de religión una experiencia transformadora. Bajo este título pretendemos recoger una serie de reflexiones y estrategias orientadas a despertar, en nuestros alumnos, el deseo por aprender, en una actitud de apertura y búsqueda, que le lleve al encuentro con Cristo y que culmine con la acogida transformante y compartida de su Mensaje.

Para ello, la experiencia la tiene que tener el profesor, de lo contrario no podrá transmitirla: nadie enseña lo que no sabe, nadie hace experimentar lo que no ha experimentado. Especialmente se requiere en el educador una personalidad espiritual madura que se exprese en una profunda vida cristiana.[2] Es importante que los profesores de religión, manteniéndonos fieles al Mensaje que transmitimos, actualicemos nuestras herramientas pedagógicas. El desafío consiste en realizar esta renovación en clave experiencial, formarnos para ser unos auténticos buscadores y transmisores de experiencia.

Lo espiritual tiene un carácter dinámico

Lo espiritual tiene un carácter dinámico, de camino, de búsqueda, de interrogante infinito. Más importante que la respuesta es la propia pregunta, tan importante como el camino es el caminar. Cuando potenciamos la dimensión espiritual podemos alcanzar una serie de habilidades y capacidades que conforman todo un proceso personal que debe culminar en la experiencia religiosa.

___________________

[1]En el 2007, Philippe Filliot defendió su tesis doctoral en la Universidad de París VIII sobre L’éducation spirituelle ou l’autre de la pédagogie. Essai d’aproche laïque de la relation maître-élève-savoir dans les spiritualités de l’Orient et de l’Occident. En ella identifica la metodología para educar la inteligencia espiritual y recoge esta consideración.

[2] Sagrada Congregación para la Educación Católica: “El laico católico, testigo de la fe en la escuela”

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