Las cuatro causas de la educación

Aristóteles, en su Metafísica, distinguía cuatro causas:

  1. La causa final.
  2. La causa formal.
  3. La causa material.
  4. La causa eficiente.

En el plano de la acción educativa, existe una gran preocupación por las causas eficiente, material y formal, pero detectamos un grave olvido de la causa final. Esperamos que el análisis[1] de las causas aclare algunos aspectos del proceso educativo que nos ayude a mejorar nuestra practica docente.

  1. La causa eficiente o fuerza motriz que lleva a cabo la educación no es un sujeto aislado sino un conjunto de agentes: educador, educando y el contexto (histórico-social-cultural) donde se desarrolla este acto. Precisamente porque nos hallamos en un contexto socialmente secular, resulta mucho más difícil legitimar la razón de ser del saber religioso, especialmente, en la esfera de la educación pública. Este debate se debe, en gran parte, a incomprensiones históricas y a una serie de prejuicios difíciles de disolver. Esta cuestión afecta negativamente nuestra imagen como Profesores de Religión. Creo que la clave que nos ayuda a permanecer, a resistir, es el convencimiento de que nuestra labor educativa ayudará tanto a nuestros educandos a construirse como personas como a transformar el mundo en un lugar más justo y humanizado. Lo que le proponemos al Profesor de Religión, como uno de los agentes motores del proceso de enseñanza-aprendizaje es:
    • Reflexión personal sobre nuestro trabajo, vocación y Misión. Es una interiorización transformante.
    • Formación, nunca dejamos de crecer, de aprender, es la grandeza del ser humano. Los Profesores de Religión nos caracterizamos por esa formación permanente que año tras año realizamos.
    • Confianza: ¡No estoy sola, Señor, Tú vienes conmigo! El poder y la fuerza de la confianza es muy grande, porque grande es Aquel en quien se deposita esta fe. Cuántas veces nos desesperamos ante algunas situaciones. Uno de los problemas del proceso educativo es que los frutos no los recogemos ahora, nosotros sólo sembramos, vemos la dureza del trabajo, y no la miel de sus frutos. Pero seguro que alguna de esas semillas germina en alguno de nuestros alumnos …. Entonces, habrá merecido la pena.
    • Entusiasmo y amor a la Misión: Cuando uno vive identificándose con su misión, experimenta el entusiasmo de vivir. Sólo las personas entusiasmadas pueden resolver los problemas que se presentan. La persona entusiasta cree en su capacidad de transformar las cosas, cree en sí misma, en los demás en la fuerza que tiene para transformar el mundo y su propia realidad. Cuando uno ama lo que hace no ve derrotas, ve oportunidades.
  2. La causa material son los contenidos que transmitimos como educadores a nuestros educandos. El acto educativo es, por naturaleza, un acto comunicativo en el que “se transmiten contenidos, ideas, valores, formas de vida, experiencias personales y colectivas, vivencias difíciles de articular con conceptos; al fin y al cabo, se transmite vida”. Deberíamos analizar la realidad de nuestros alumnos para comprenderles mejor y programar contenidos y acciones que, por una parte, hicieran posible el acto educativo (como acto comunicativo); y por otra, que motivasen el deseo de crecimiento personal y compromiso social en ellos.
  3. La causa formal se refiere a cómo transmitir los contenidos. Una mala forma distorsiona gravemente el proceso educativo, la transmisión de los contenidos. El Mensaje que transmitimos los Profesores de Religión merece que extrememos el cuidado en la forma de presentarlo a los chavales. “El Evangelio está hecho para todos y no sólo a un sector determinado de personas, por esto estamos obligados a buscar nuevas vías para llevar el Evangelio a todos … debemos utilizar razonablemente los métodos modernos para hacer accesible y comprensible la voz del Señor…[2] En este sentido, podemos ver en la psicología evolutiva, la neurpedagogía, la educación personalizada, etc. una valiosa aportación para nuestras clases. Familiarizarnos con los investigaciones de estas disciplinas nos permite ajustarnos a los mecanismos de gestión cerebral y formas de aprendizaje de nuestros alumnos. Otra interesante aportación viene del mundo de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación.
  4. La causa final alude al para qué de la educación. El proceso educativo  no es neutral, sino que responde a una intencionalidad, apunta hacia un horizonte, lleva impreso un sentido. Como Profesores de Religión queremos contribuir a la formación integral de nuestros alumnos, para ayudarles a descubrir sus recursos interiores, su potencial y Fuente de Vida, y así ofrecer lo mejor de sí mismos a los demás.


[1] TORRALBA ROSELLÓ, F.: Pedagogía del sentido. PPC, Madrid, 1998, pp. 5 – 6.

[2] JOSEPH RAZITNGER (Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe): la Nueva Evangelización. Conferencia pronunciada en el Congreso de catequistas y profesores de religión. Roma, 10-XII-2000.

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