Acciones y procesos para educar la dimensión espiritual

Proponemos las siguientes acciones o procesos para cultivar la inteligencia espiritual[1]:

  • Buscar y valorar la soledad como fuente del desarrollo de la vida espiritual y motor que activa la inteligencia social. Una tarea fundamental que deberíamos hacer es enseñar a nuestros alumnos a gozar intensamente de la soledad, porque es la fuente del desarrollo espiritual. En muchas ocasiones, el impulso social no se basa en el amor a los otros, sino que tiene su origen en el miedo a la soledad. Primero, habrá que preguntarse si uno mismo tiene miedo a la soledad y si goza intensamente con ella; cuando la respuesta sea afirmativa, estará en condiciones de enseñar esto a sus alumnos.

  • Experimentar el silencio como ámbito especialmente idóneo para la irrupción de preguntas trascendentales. La intolerancia al silencio que se detecta en nuestra cultura es un claro síntoma de la pobreza espiritual que hay en ella. No nos referimos sólo al silencio físico, sino al silencio interior. Cuando uno vive plenamente el silencio interior, descubre su verdadera identidad. El silencio causa temor, porque al tomar distancia de la propia realidad y someterla a una valoración, uno duda de su modo de vida. La experiencia de silencio es una experiencia de vértigo. El proceso expuesto en el apartado anterior sirve para todos los demás: primero, experimento yo y luego transmito.

  • Practicar la contemplación para captar el latido de la realidad exterior. La contemplación es una actividad que tiene su punto de partida en los sentidos externos, pero trasciende al plano de la percepción. Es ser receptivo a la realidad, ensanchar los poros de la sensibilidad para captar el latido de la realidad exterior, para conectar con lo que se oculta en ella. Pero la práctica de la contemplación exige unas condiciones que raramente se dan en nuestro mundo. Sufrimos un activismo salvaje. Toda contemplación exige tiempo, y la velocidad es un obstáculo fundamental. Otro obstáculo es la dispersión, la constante multiplicación de estímulos sensitivos hace imposible contemplar algo atentamente. En este sentido el trabajo con mandalas ayuda a recogerse en un centro, a unificarse. De lo que se trata es de fomentar el conocimiento personal para descubrir un sentimiento de permanencia, no de inmovilismo.

  • Fomentar la capacidad de preguntarse por la realidad exterior e interior. La condición indispensable para filosofar es la interrogación, la capacidad de preguntar sin censuras. Podemos comenzar nuestra clase con un una imagen, una frase, una noticia, que active el interrogante, que movilice la inquietud.

  • Descubrir  en las obras de arte su esencia espiritual nos ayuda a experimentar la belleza y desarrollar el sentido de comunión con el Todo. La obra de arte empieza en la profundidad del artista y acaba en la propia subjetividad del espectador. La vida espiritual es tanto la causa como la consecuencia de la obra de arte. Pues cuando uno contempla atentamente una obra despierta su vida espiritual, la experiencia de la belleza. Fomentemos en nuestros alumnos una actitud abierta, sensible y receptiva al reflexionar sobre el silencio creativo y el silencio estético. El silencio es el nexo de unión entre artista y espectador.

  • Abrirse al otro a través del diálogo, para aprender a modificar los comportamientos y a enriquecer las opiniones desde una nueva visión. Dos palabras clave: escuchar y acoger. Los grandes personajes espirituales de la historia han utilizado el diálogo como método esencial de sus enseñanzas. Jesús enseñó a sus discípulos dialogando con ellos. Es cambiar la frase de Descartes: “pienso, luego existo” por “acojo, luego existo”.

  • Practicar ejercicio físico tanto para fortalecer el cuerpo, como para despertar el sentido del orden, educar en el examen y en el dominio de uno mismo. Es una fuente de experiencia ética y activa valores nobles.

  • Detenerse, parar el activismo que permanentemente nos acompaña y romper con las rutinas habituales para indagar el sentido que tiene la vida.

  • Experimentar la fragilidad humana suscita la pregunta por el sentido, despierta la inteligencia espiritual. La vulnerabilidad humana está abierta, trata de comprenderse, de justificarse, de explicarse a sí misma y de hallar una razón de ser y una práctica de salvación.

  • Practicar la meditación de textos sagrados para integrarlos y asumirlos en el propio ser. Para muchos niños, la clase de Religión supone la única oportunidad de contacto con la Sagrada Escritura. Así que debemos cuidar y mimar ese momento de encuentro.

  • Cultivar la solidaridad como experiencia espiritual de profunda unión con el ser del otro. Esta profunda conexión es la raíz de la auténtica solidaridad.

________________

[1] Esta propuesta es una síntesis del capítulo que F. Torralba dedica al cultivo  de la inteligencia espiritual. TORRALBA, F.: Inteligencia espiritual. Plataforma. Barcelona, 2010. Pág. 191 – 234.

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s