Aplicabilidad de la inteligencia espiritual

El cultivo de la inteligencia espiritual de nuestros alumnos facilita el desarrollo de unas habilidades que les capacita para[1]:

  • Interrogarse por el sentido de la existencia y buscar las respuestas. 
  • Tomar distancia de la realidad circundante, pero también de sí mismo. Este acto es la condición de posibilidad de la libertad, de la crítica y del humor.
  • Trascender, para moverse hacia lo que no se conoce, para penetrar en el territorio de lo desconocido. El ser humano es transición, camino, itinerario hacia lo que todavía no es. La autotrascendencia es el motor de la vida humana, el impulso vital que le mueve a ir más allá, a superar cualquier límite, a entrar en nuevos mundos, para vivir más plenamente, más intensamente, para gozar en lo más íntimo de la realidad. Podríamos hablar también de una metatrascendencia, es decir, de la posibilidad de ir más allá de la trascendencia hasta el propio Jesucristo como modelo de identificación para los cristianos. Si voy más allá de mí mismo (autotrascendencia), me encuentro con el otro y con el Otro. Al pasar de la espiritualidad hasta Dios, en el cristianismo encuentro un modelo de vida que concreta esa trascendencia. 
  • Darse cuenta de que uno existe, pudiendo no haber existido. Experimentar esta sorpresa le conduce a amar la vida y a gozar intensamente de ella, a convertir su estar en el mundo en un proyecto.
  • Conocerse a sí mismo, darse cuenta de que no sólo soy y no sólo vivo, sino que sé de mi ser y de mi vida. Convertir la vida en objeto de saber. El saber de sí mismo es apertura hacia dentro, mientras que el saber de las cosas es apertura hacia fuera.
  • Valorar éticamente sus acciones, sus omisiones, sus palabras, sus silencios y tener, además, la capacidad de modificar, si cabe, la trayectoria de su andadura. Ser capaz de construir una escala de valores y vivir conforme a ella.
  • Vivir la experiencia estética: deleitarse con la belleza de la realidad, captar lo sublime de las cosas y embelesarse con ello. La belleza no es un objeto, tampoco una cosa. Es una experiencia que acontece en el interior del ser humano, y que está directamente relacionada con la inteligencia espiritual.
  • Conmoverse frente al misterio de las cosas y desarrollar el pensar meditativo, la reflexión sobre el sentido de la vida y el propio proyecto existencial. No sólo permite pensar la realidad, sino sentirla tan profundamente que uno llega a percibir el fascinante misterio que la habita. Despertar la sensibilidad hacia el misterio: sentirse conmovido por lo que jamás puede ser dominado. El misterio es luz vital que permite ver de una nueva forma la propia vida.
  • Sintetizar una visión global de la existencia y orientarse hacia ella. Para articular tal vivencia, debe integrar las aportaciones de la ciencia y de la propia experiencia. La inteligencia espiritual opera en este sentido, sobre las otras modalidades de inteligencia.
  • Tomar conciencia cósmica o relacional, que consiste en sentirse parte de una unidad con los todos los demás, con todos los seres, humanos y no humanos. Ser consciente de la fraternidad de todo cuanto existe. Esto significa que el cultivo de esta inteligencia libera de la cárcel del ego, rompe las fronteras entre lo que soy y lo que me separa del mundo en un movimiento de perdón, de generosidad, de entrega, de desasimiento y de amor.
  • Comunicar sus más hondos sentimientos y pensamientos a través de símbolos significativos.
  • Ser receptivo a la llamada interior, a la vocación personal. Cuando uno vive identificándose con su misión, experimenta el entusiasmo de vivir.
  • Plantear ideales de vida. Los proyectos son la expresión concreta de lo que uno desea llegar a ser, de lo que uno se propone lograr y tiene intención de conseguir con esfuerzo y sacrificio. Son eslabones en la construcción del sentido.
  • Vincularse, religarse a un ser que reconoce como distinto de sí y con el que establece alguna forma de comunicación. Religación es vínculo. Comunicación, reconocimiento de la alteridad. La vida espiritual puede desembocar en la religación, pero no necesariamente. Buscamos a Dios, pero en realidad es Él el que nos busca a nosotros. Somos buscadores buscados que, por la fe, damos el paso definitivo y conseguimos entrañarnos con Cristo; aprendemos a vivir inmersos en el plan salvífico de Dios y a actuar en consecuencia.

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[1] Las habilidades que aquí presentamos son una sinopsis del capítulo que F. Torralba dedica a enumerar los poderes de la inteligencia espiritual. TORRALBA, F.: Inteligencia espiritual. Plataforma. Barcelona, 2010. Pág. 79 – 190.

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