Introducción teórica

“El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará”   (Mt 10, 39)

Las palabras de Jesús, son muy claras para aquél que quiera encontrar la vida: quien pierda la vida, la ganará.  El sentido de la vida está en Cristo.  Nuestro reto como educadores es facilitar el camino para que nuestros alumnos puedan llegar a tener un encuentro con Jesús, que es la “experiencia transformante” de nuestra vida.  En este encuentro, Jesús es quien toma la iniciativa, es quien nos dice que sólo entregándole nuestra vida por completo, encontraremos vida en abundancia. Así Cristo nos invita a seguirle, pero la decisión última de acoger o rechazar su propuesta de vida, es totalmente libre y personal.

La presentación que hagamos de Jesús en nuestras clases va a influir mucho en que se propicie o no ese encuentro del alumno con Cristo.  Jesús ya habita el corazón de cada uno de nuestros alumnos, sólo hay que darles palabras para que sepan reconocerlo en su interior.  Para presentar a Jesús debemos partir del horizonte de conocimiento que tengan nuestros alumnos, incluso cuando sea muy pobre, una buena noticia contada desde el entusiasmo y la cercanía de lo que ellos viven, siempre será una base para iniciar el camino.  Se trata de que conozcan a través de nuestro testimonio, a un Jesús amigo, compañero de sus alegrías y sufrimientos.

Una vez provocado este primer despertar, el educador debe seguir favoreciendo ese proceso con experiencias de silencio, contemplación, de colaboración con los últimos, etc., en definitiva, experiencias que buscan tocar el interior de la persona.  La experiencia prepara el encuentro, por tanto, no basta con hablar de Jesús, debemos de facilitar la experiencia de Jesús.

Ante la experiencia se abre un nuevo camino, el de la búsqueda de un sentido, de un por qué y un para qué del mundo que nos rodea.  Y es, desde esta apertura a lo trascendente, cuando el educador puede presentar la persona de Jesús ya no sólo desde un Jesús amigo y compañero como realidad inmediata de nuestros alumnos, sino desde el misterio de Jesús resucitado.  El verdadero encuentro con el Resucitado llega cuando la persona descubre que su vida ha sido transformada, que es una vida plena con Él.

Un claro indicador de que se inicia este camino de Encuentro es cuando dejamos de preguntar qué quiero hacer en la vida (muy de moda en nuestra sociedad del bienestar), y nos preguntamos qué quiero hacer con mi vida (en este caso soy yo el que toma las riendas de mi vida). Me convierto en el protagonista de mi vida, siendo consciente de mis limitaciones, de que todo no lo puedo, y por tanto, necesito de Dios, es El quien me ayuda a ser más persona.  Es el momento privilegiado donde la persona decide qué hacer con su vida y toma de forma coherente las decisiones encaminadas para conseguirlo, nacen los compromisos que nos llevan a trascender, a salir de uno mismo, las relaciones con los demás se basan en la autenticidad, etc.  El encuentro con Jesús es el descubrimiento de alguien que te ama a pesar de tus errores y faltas, de manera incondicional, y este amor es la experiencia transformante más radical de nuestra vida.

Todo este proceso de transformación requiere de un itinerario que debe acompañar al alumno desde edades tempranas y que no debe abandonarse al finalizar su etapa escolar.  Podemos presentarle a Jesús, acompañarle y facilitarle el camino, pero el encuentro con Él es una experiencia personal, un don gratuito, que puede llegar en cualquier instante de la vida. Nuestra tarea es estar cerca el tiempo que se nos ha regalado con ellos y suscitar siempre que podamos este tipo de experiencias.  Para lo cual es fundamental que nosotros, los educadores hayamos vivido en primera persona este encuentro, y que sigamos día a día abiertos a la constante llamada de Dios. Muchas veces la autenticidad de nuestro testimonio y la coherencia de nuestra vida pueden ser las mejores herramientas para cultivar el conocimiento y el encuentro con Jesús.

A lo largo de la exposición nos hemos dedicado a desarrollar el itinerario que, a nuestro entender, deberíamos seguir como educadores.  Esta pedagogía del encuentro la podemos descubrir en el modo de proceder de Jesús. En los episodios bíblicos que a continuación presentamos, es Jesús el que toma la iniciativa, se acerca haciéndose el encontradizo y lleva una invitación generosa, dando libertad para responder en cada caso, para aceptar o rechazar su ofrecimiento.  La invitación de Jesús es transformadora, da un nuevo sentido a su vida, quien quiera encontrar la vida sólo tiene que seguirle.   El seguimiento a Jesús siempre implica renuncias y lleva a un encuentro con los demás, nunca se reserva para uno sólo.

  1. Decíamos que es fundamental comenzar por lo que atrae a nuestros alumnos, partir de lo que conocen, su realidad más próxima y mostrarles cómo ésta se relaciona con Jesús para iniciar el camino que lleva al encuentro con el Resucitado.  El ejemplo de Jesús se manifiesta en el encuentro con Zaqueo (Lc 19, 1-10), un hombre poderoso de su tiempo, muy aferrado al dinero, que sin embargo, estaba en búsqueda y quería ver a Jesús, por eso entre la multitud y ante su baja estatura decide subirse a una higuera.  Se produce un cruce de miradas, Jesús le mira y le dice “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”  (Lc 19, 5).  Jesús parte en este encuentro tomando la iniciativa para cenar, eso resulta atractivo para Zaqueo, acostumbrado a celebrar banquetes y a recibir a personas influyentes de la ciudad.   Zaqueo se siente muy honrado de recibir en su casa a un huésped como Jesús, pero cuando lo tiene en frente sabe que no valen las medias tintas y decide cambiar de vida “Mira, Señor, la mitad de mis bienes la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, restituiré cuatro veces más” (Lc 19, 8). Jesús busca nuestra salvación como lo hizo con Zaqueo, y se presenta de la manera más próxima y cercana, en esta ocasión con una cena (a pesar de las habladurías que le condenaban por alternar con pecadores).  La cena es sólo una excusa atrayente, el punto de partida para que Zaqueo, cambie de vida e inicie el camino de la Salvación.
  2. Se trata de provocar interrogantes que afecten a la persona en lo hondo, que despierten ese afán que late en todo corazón por conocer el sentido de la vida. Explicábamos que una vez conocido al Jesús amigo, y emprendida esa búsqueda del sentido último de la vida, se podía dar el paso al misterio del Resucitado.  Así le ocurrió a la samaritana (Jn 4, 1-42) cuando se encontró con Jesús en el brocal de un pozo, y como si fuera lo más normal del mundo (que no lo era, ya que los varones judíos no hablaban en público con mujeres y mucho menos con extranjeras) le pide de beber.  Este encuentro le provoca el primer interrogante, el más lógico: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?” (Jn 4, 9)  Conforme el diálogo crece en profundidad, aumenta el calado de las preguntas, la conversación lleva a la samaritana a exclamar: “¡Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla!” (Jn 4, 15).  Al preguntarse ha encontrado lo que buscaba, el agua viva que siempre sacia, reconoce finalmente a Jesucristo.  Pero no lo reconoce desde el principio, primero lo ve como un judío, luego como un sabio profeta y por último como el Mesías enviado por Dios, el Cristo.  De la misma manera nuestros alumnos primero conocen a Jesús como amigo, luego descubren en Él palabras de verdad y vida, y finalmente, pueden llegar a encontrarse cara a cara con Jesús Resucitado.  Aprendamos de la metodología de Jesús de hablar a lo profundo del corazón, suscitando las preguntas que allí habitan.
  3. El que encuentra la vida es aquel que ha tenido una experiencia de encuentro transformante por dentro que provoca una reacción consecuente hacia fuera.  Es lo que observamos en el encuentro de Jesús con los pescadores del lago de Galilea (Mc 1, 16-20).  Estaban allí faenando, como cualquier otro día, Simón y Andrés, y en el mismo sitio pero separados Santiago y su hermano Juan.  Y el evangelio de San Marcos dice que Jesús los llamó “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres” (Mc 1, 17), y en ese preciso instante dejaron las redes, lo que estaban haciendo y le siguieron.  Abandonaron trabajo, familia, pueblo, amigos… todo por seguirle.  Eso es entregar la vida, renunciar a lo que te impide seguir a Jesús, tomar la vida en las manos y apostar por lo que Él nos pide.

Ese cambio de vida supuso una verdadera transformación en estos pescadores, pasaron a ser discípulos de Jesús, a vivir su Palabra, lo que además implicaba el darse a los demás “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15), les dirá Jesús tras su Resurrección.  El verdadero encuentro con Cristo es aquel que lleva a darse a los demás, y a proclamar la experiencia que se tiene de Él.

La persona que encuentra la VIDA no sólo siente un cambio en su interior, es también una transformación hacia el exterior, que supone una nueva apertura a todo lo que nos rodea. Entregar la vida significa ponerla en manos de Dios, renunciando a mis planes, mis comodidades, mis seguridades, etc., para presentarnos con manos vacías al Señor, y que pueda hacer de nosotros un verdadero instrumento de amor. Cada decisión, cada nuevo paso que damos en la vida, en un primer momento, trae consigo una renuncia. El que quiere volar tiene que dejar la tierra. Jesús nos dice que perder la vida (como Él en la cruz) entregándola, es la única forma de ganarla para siempre.  La vida es muy parecida al amor verdadero: se la consigue solamente entregándola, a imitación de Cristo.  Pensamos que el ejemplo de Jesús, aunque a veces parezca contracultural, sigue seduciendo corazones, y que nuestros alumnos pueden elegir el estilo de vida que nos propone, el de los bienaventurados: personas que viven de Amor y por Amor.

Acerca de Isabel Gómez Villalba

Profesora de Religión en I.E.S. Miguel Catalán e I.E.S. Virgen del Pilar de Zaragoza. Coordinadora de la Comisión de Innovación Pedagógica de la Delegación Episcopal de Enseñanza de Zaragoza.
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