Introducción teórica

“Si fueron capaces de escudriñar el universo, ¿cómo no hallaron primero al que es su Señor?” (Sab 13, 9)

 La teoría de la evolución, la intervención humana en el mundo de la genética y el dominio general de la técnica, plantean de una manera nueva el problema de la relación entre el hombre y la naturaleza. En la actualidad, el orden natural como fuerza constructiva proveniente de Dios, del que hablaba San Agustín, ha sido transformado en el mecanismo cósmico de los ilustrados. Las ciencias naturales hablan dela Naturalezacomo único objeto de las ciencias empíricas, restándole valor a la posibilidad del acercamiento del hombre a Dios a través de ella.

Sin embargo, la historia de las ciencias nos ha mostrado que sólo conocemos una parte ínfima de lo que nos rodea, aunque eso no quiere decir que esa pequeña parte no sea verdaderamente conocida, puesto que, para nosotros, creyentes, el crecimiento de las capacidades del hombre se debe al plan que Dios puso en marcha en la creación. La fe en el Dios que ama al hombre en el punto inicial de la creación y que vuelve a amarlo en la redención, busca volver a Él a través del actuar humano. Por eso, podemos afirmar que Dios no prescinde en absoluto de la responsabilidad del hombre, sino que la exalta hasta el final, hasta el amor gratuito que es la cima de la creaturidad. Por tanto, la relación entre hombre y naturaleza, para el creyente, está abocada al amor desinteresado.

Nosotros nunca podremos lograr una visión directa de Dios en su gloria porque Dios es Creador y nosotros somos sus creaturas. Sin embargo, sería equivocado pensar que eso significa que no podemos percibir la presencia de Dios en nuestra realidad. Tal vez la visión directa de Dios es difícil porque Él se encuentra más cerca de nosotros que cualquier otra cosa que podamos ver o podamos oír, que podamos tocar o podamos sentir. La verdad es que Dios está presente y activo, de una forma íntima, en cada uno de nuestros actos. Debemos ser conscientes de que el creyente percibe de una forma nítida la presencia de Dios en cada momento de su vida, porque se siente sostenido por la presencia y el poder de Dios. Desde esta percepción se pasa a la racionabilidad de confiar en que Dios se hace imprevisible e incontrolable, cuando aceptamos su presencia en nuestros actos.

Los cristianos encontramos a Dios en el amor que se reveló en Cristo y confiamos que es ese amor el que trabaja en nuestra vida, si le dejamos actuar. Sabemos que Dios es amor pero desconocemos cómo ese amor se ha hecho real, presente y patente en nosotros como un acontecimiento en un instante dado. Dios está tan próximo a nosotros, que no podemos alejarnos para objetivarle y discernir su presencia directamente, pero podemos caer en la cuenta de que se hace sentir en la inmediatez mediada.

La presencia de Dios no es producto del razonamiento discursivo, sino que es sostenida por señales que se activan en nuestro interior, pero también pueden estar a nuestro alrededor. Los actos de Dios son tan singularmente únicos, que trascienden nuestro poder de discernimiento. Dios media su presencia a través de nuestras situaciones particulares, es decir, se involucra en nuestra actividad cotidiana. Caemos en la cuenta de la presencia de Dios cuando tenemos la valentía de salir de nosotros mismos para vivir en la presencia de Dios en el prójimo. 

La fraternidad humana que la Biblia nos enseña, encuentra eco en esta relación, puesto que nos hace sentirnos procedentes de una misma fuente: unos y múltiples, unidos y diferentes. Para ayudarnos en esta reflexión, algunos textos bíblicos parecen indicarnos el “camino racional” de llegar a un conocimiento de Dios; son ellos los que posteriormente utilizarán los Santos Padres y los teólogos escolásticos para sistematizar las famosas “vías”. Sin embargo, hay que advertir que, en la mentalidad bíblica no se trata de pruebas (la existencia de Dios es tan evidente para el hombre bíblico que el ateísmo teórico no era más que una insensatez), sino de testimonios que Dios permite, para ayudar al hombre a encontrar un doble camino de acceso a él: el de la historia de la salvación y el de las criaturas creadas.

El Libro dela Sabiduría fue escrito alrededor del siglo I a.C. por un autor desconocido, posiblemente en los círculos hebreos de la ciudad de Alejandría, con la intención de infundir vigor en la fe y la vida de sus hermanos. En los capítulos 13-15 de nuestro libro, encontramos una severa crítica del paganismo y una condenación de la idolatría. La primera sección está dedicada al culto ala Naturaleza(13, 1-9). El autor no trata de demostrar la existencia de Dios mediante la contemplación de las cosas creadas, sino subrayar el error de aquellos que adoran las cosas materiales que encuentran enla Naturalezay, entonces, la divinizan. Desde el punto de vista teológico pretende enfatizar el monoteísmo hebreo frente a la filosofía estoica y panteísta que estaba de moda y que negaba la existencia de un Dios personal.

Esta perícopa, que es una excepción dentro de la literatura bíblica y como tal hay que considerarla, afirma la posibilidad del conocimiento de Dios a través dela Naturaleza; esto es diferente de pretender demostrar su existencia. Los idólatras dela Naturalezaconfunden la obra con el artífice y, por lo tanto, son culpables de insensatez, ya que alcanzan un profundo conocimiento de las cosas sin remontarse a quien las ha hecho. El autor se extraña de que aquellos que, ante la contemplación dela Creación, reconocen la hermosura del Universo, no razonen del efecto hasta la causa, es decir, hasta la existencia del Creador. La actualidad del pasaje es innegable, puesto que son algunos los que ante las cosas de la tierra, no superan la tentación de la vanidad humana que les impide el desprendimiento necesario para “ver a Dios” en ellas.

Tal vez San Pablo se inspiró en este texto cuando escribió Rom 1, 18-27 donde, junto al conocimiento de Dios a partir dela Creación, se tienen en cuenta las consecuencias morales que se derivan. Mientras que en el texto del Libro dela Sabiduría, cuando los hombres buscan a Dios y se equivocan no deben sufrir severos reproches, Pablo va más lejos puesto que considera que es Dios mismo quien se autocomunica y es el hombre quien, dejándose arrastrar por sus pasiones, no responde adecuadamente a esa llamada divina.

El estudio dela Carta a los Hebreos resulta muy interesante puesto que el autor se muestra un consumado escritor que ha compuesto su tratado con un gran talento, sirviéndose de los procedimientos que le proporcionaba su educación judeo-helenística. La epístola comienza de forma tan dramática como un cohete que es lanzado ala Luna.Elprimer párrafo (Hb 1, 1-4), transporta a los lectores a un contexto familiar: Dios ha hablado a los hebreos de muchas maneras y a través de muchos hombres. Cada uno de estos personajes era una voz que necesitaba oírse en el momento adecuado dela Historiade Israel, pero no fueron entendidos. De la misma manera que el sol naciente eclipsa a las estrellas de la noche,la Encarnacióndel Hijo de Dios revela la voluntad del Padre para con sus creaturas.

La superioridad de Jesús sobre los profetas que fueron portavoces de Dios, el autor de Hebreos trata de mostrarla de siete maneras, pero hay una de ellas que merece nuestra especial atención: “El Hijo que, siendo resplandor de su gloria e imagen perfecta de su ser, sostiene todas las cosas con su palabra poderosa” (Hb 1, 3a). Jesucristo ha participado en la creación de los mundos y de las cosas, y todavía está al mando de ellos. Es más, su palabra poderosa mantiene todo en su lugar correcto, mantiene el control sobre el tiempo y sobre el futuro. En definitiva, le pertenecen todas las cosas en el cielo y en la tierra. Esta declaración de nuestra carta, es un reto directo hacia el humanismo cientifista moderno: cuando los científicos indagan la naturaleza del Universo se enfrentan al misterio de una realidad impensable e invisible que mantiene unidas todas las cosas creadas. La respuesta a este misterio la aporta este versículo. Y esa respuesta no puede ser otra que Jesús, Profeta Supremo, Dueño único de todas las cosas, Creador increado, Imagen exacta de Dios, Sustentador del Universo y Sacerdote que limpia del pecado al hombre y ala Creación.

Al final de estas reflexiones es necesario afirmar que el hombre puede acercarse a Dios a través de las cosas creadas pero sin confundirse con ellas. Se trata de una experiencia religiosa en el sentido etimológico de la palabra, que debe ser potenciada en las aulas, porque de ella depende en gran medida la felicidad personal de nuestros alumnos. Nuestra tarea no puede encerrarse allí, porque Dios mismo se encuentra también fuera. Nuestra misión tiene que ser también posibilitar el acceso a esa experiencia vital que transforma al hombre desde fuera (Naturaleza) hasta dentro (Amor).

Acerca de Isabel Gómez Villalba

Profesora de Religión en I.E.S. Miguel Catalán e I.E.S. Virgen del Pilar de Zaragoza. Coordinadora de la Comisión de Innovación Pedagógica de la Delegación Episcopal de Enseñanza de Zaragoza.
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Una respuesta a Introducción teórica

  1. elicia dijo:

    mi nombre es elicia, vivo en Chile en la ciudad de Coronel hoy he descubierto esta pagina y ha sido de gran ayuda, para mi y para todos los usuarios de esta pagina. En lo personal estoy preparando mi informe de practica como profesora de religion y estoy muy convencida de la necesidad de los profesores dereligion de innovar en nuestras praacticas docentes en las aulas.

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